jueves, 5 de julio de 2012

El fin de un mesias

Final del viaje
 
En esa época también volvieron para Krishnamurti sus padecimientos físicos, Jayakar relata, luego de una visita que realizaran a Nehru:"Cuando llegamos a la casa fue a su habitación, y nos pidió a Nandini y a mí que entráramos. Cerró la puerta y después nos dijo que, cualquier cosa que ocurriera, no nos asustáramos, y que de ningún modo llamáramos a un medico. Nos pidió a ambas que nos sentáramos tranquilamente y que lo vigiláramos. No tenía que haber temor. No debíamos hablarle ni reanimarlo, pero sí cerrarle la boca si se desmayaba. Bajo ninguna circunstancia debíamos dejar el cuerpo solo.
Krishnamurti parecía sufrir muchísimo. Se quejaba de un severo dolor de muelas y de un intenso dolor en la nuca, en la coronilla y en la espina dorsal.
En medio de sus padecimientos decía: "Están limpiando mi cerebro completamente, lo están vaciando". Otras veces se quejaba de un gran calor, y su cuerpo transpiraba profusamente. La intensidad del dolor variaba según el área donde se concentraba. A veces se localizaba en la cabeza, en los dientes, en la nuca o en la columna vertebral. En otras oportunidades, él gemía y se agarraba el estomago. Nada aliviaba el dolor; este venía y se iba a voluntad. Cuando el proceso operaba, el cuerpo que yacía en la cama era como una mascara; sólo parecía hallarse presente una conciencia del cuerpo. En este estado la voz era débil como la de un niño.
Súbitamente el cuerpo fue ocupado por una elevada presencia. Krishnaji se incorporo, sentándose con las piernas cruzadas y los ojos cerrados; el frágil cuerpo parecía crecer y llenar la habitación; había un silencio palpable, palpitante, y una fuerza inmensa se derramaba en el lugar y nos envolvía. En este estado, la voz tenia un gran volumen y profundidad".
A pesar de estos padecimientos, que vinculaban el dolor físico con el crecimiento espiritual, Krishnamurti no cesó nunca sus actividades de difusión de su enseñanza, ni transformó su mensaje, que postulaba el crecimiento espiritual basado en el conocimiento que emana del interior de cada ser humano y no de creencias y dogmas externos.
Si bien ya nunca más tuvo la plataforma de sus primeros tiempos a través de la Sociedad Teosófica, y muy atrás había quedado la época en que fue presentado como el nuevo mesías, había adquirido por sí mismo una celebridad e importancia de primer nivel.
En sus numerosas actividades como expositor solía recibir invitaciones oficiales de distintos países. En plena actividad, cumplió sus 90 años, viajando y dando conferencias. Pero la muerte ya estaba cerca.
En enero de 1986 dictó sus ultimas charlas en la India, y se despidió de sus discípulos. El 10 de enero quiso volver a pasear por la playa de Adyar, donde 75 años atrás había sido "descubierto" como Instructor del Mundo.
Después de todos estos rituales de despedida regreso a Ojai, y poco más de un mes después, el 17 de febrero de 1986, abrazo la muerte, afectado por un cáncer al páncreas.
Sus cenizas fueron llevadas a Delhi.
En 1980, Krishnamurti le había dicho a Pupul Jayakar que cuando dejara de hablar, su cuerpo moriría.
"El cuerpo tiene un solo propósito –le dijo–, revelar la enseñanza."

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