jueves, 5 de julio de 2012

Krishnamurti se aleja de la sociedad

La ruptura con la Sociedad Teosófica
 
A partir de ese momento, Krishnamurti inició un proceso de distanciamiento con la Sociedad, expresado en una actitud de independencia frente a sus jerarquías, y la adopción de un discurso y un mensaje más centrados en sí mismo.En las convenciones, aunque Annie Besant estuviera presente, tomaba la iniciativa en las pláticas entregando su nueva comprensión. Comenzó entonces, imperceptiblemente, a expresar una desbordante alegría, y un sentimiento de unidad con el universo. Su nueva actitud molestó a la jerarquía de la Sociedad, la que comenzó a difundir que no era el Señor Maitreya quien estaba hablando a través de Krishnamurti, sino espíritus malignos.
Para sus más cercanos, se estaba manifestando un proceso de larga gestación, a través del cual su mente había ido dejando caer las capas superficiales que había aceptado del ritual y la jerarquía Teosófica, para emerger libre, anclada en un desarrollo y una experiencia espiritual propia.
Refiriéndose años más tarde a la meditación que realizaba con la jerarquía de la Sociedad, Krishnamurti señalo que "la hacia porque me habían dicho que la hiciera. Formaba parte de la creencia Teosófica, pero para mí no significaba nada. Todo eso lo hacia automáticamente".
En una convención realizada el Ommen, el 1927, comenzó a hablar en un lenguaje por completo opuesto a las enseñanzas Teosófica: "Por muchas vidas y por toda esta vida, especialmente en los últimos meses, he luchado para liberarme de mis amigos, de mis libros, de todos mis vínculos. Deben ustedes luchar por la misma libertad. En lo interno tiene que haber un constante torbellino."
Una enorme asamblea de más de tres mil personas lo oyeron hablar sobre la necesidad de abandonar todas las fuentes de autoridad, y en particular aquella que lo signaba como el Instructor de Mundo. Por el contrario, señalaba, cada cual debe vivir sólo de su propia luz interior.
"Deseo que aquellos que buscan comprenderme sean libres, que no me sigan, que no hagan de mí una jaula que se tornará en una religión, una secta. Más bien deberían librarse de todos los temores; del temor a la religión, del temor de la salvación, del temor de la espiritualidad, del temor del amor, del temor de la muerte, del temor de la vida misma..."
"...Ustedes están acostumbrados a la autoridad, o a la atmósfera de autoridad que piensan va a conducirlos a la espiritualidad. Creen y esperan que otro, por sus extraordinarios poderes –por un milagro–
podrá transportarlos a ese reino de libertad eterna que es la felicidad..."
"...Me han estado escuchando durante años sin que ningún cambio se operara en ustedes, salvo en algunos pocos. Ahora analicen lo que estoy diciendo, sean críticos para que puedan alcanzar una comprensión profunda, fundamental. Cuando buscan una autoridad que los conduzca a la espiritualidad, se obligan ustedes automáticamente a crear una organización alrededor de esa autoridad. Por la creación misma de la organización,... quedan atrapados en una jaula..."
Todo ello trajo consigo una verdadera revolución en la organización de la Sociedad Teosófica; se liquidaron los diversos fideicomisos y los fondos, las grandes propiedades y terrenos volvieron a sus donadores originales, y se estableció una pequeña oficina para emprender la publicación de sus practicas. Comenzó entonces a ser considerado un filosofo hostil a todas las creencias religiosas. Krishnamurti renuncio a la Sociedad Teosófica en 1930.
Muy poco después, el 20 de septiembre de 1933, moría Annie Besant, madre de su destino como Instructor del Mundo.

El retiro del mundo
 
La propiedad cerca de Santa Bárbara, California, en la localidad de Ojai, se convirtió en hogar permanente y centro de practicas. Aunque entre 1933 y 1939 viajó varias veces a la India para ofrecer ante masivos auditorios, el mundo y los medios de prensa habían perdido interés en este "Instructor del Mundo".La Segunda Guerra Mundial lo encontró en Ojai, donde vivió durante casi ocho años en un relativo aislamiento. Como extranjero, se le prohibió ofrecer conferencias, y debía presentarse regularmente ante la policía.
No obstante, su calidad espiritual motivaba permanentemente la presencia de ilustres visitantes. Aldous Huxley, quien se había establecido en California y estaba perdiendo la vista, solía pasear con él durante largas horas. También realizaba paseos y picnics con un grupo de amigos que integraban, entre otros Greta Garbo, Charlie Chaplin y Bertrand Russell.
Rememorando su relación con Huxley y Gerald Heard, Krishnamurti diría después: "Yo era terriblemente tímido, y ellos eran tan intelectuales. Yo los escuchaba, intercalando uno o dos comentarios."
En 1945, al final de la guerra, cayó muy enfermo. Padecía dificultades urinarias, tenia fiebre alta y permanecía inconsciente durante largos periodos. Los médicos lo examinaron, pero parecían incapaces de diagnosticar su enfermedad, y no pudieron prescribirle medicina alguna. La salud le retornó luego sin razón explicable para los médicos, aunque él atribuyó a su propio ejercitamiento espiritual.
 
Maestro en una India independiente
 
El 15 de agosto de 1947, la India se declaró independiente, tras una larga lucha de carácter no violento, que había sido conducida, desde los primeros años del siglo XX, por Mahatma Gandhi. La llegada de Krishnamurti a su tierra natal, dos meses después de la independencia, no pudo haberse dado en un momento más propicio.Muchos jóvenes, hombres y mujeres, se reunieron en torno de él en Bombay. Algunos habían participado en la lucha por la libertad, eran héroes políticos, pero estaban llenos de horror por los acontecimientos que siguieron a la división India. Uno de esos jóvenes era Achyut, quien estuvo muy cerca de Gandhi, a quien fue a visitar a fines de 1947 para decirle que por unos cuantos meses iba a dejar la política porque iba a pasar un tiempo con Krishnamurti. Gandhi se mostró muy feliz, y le confesó que tras los terribles acontecimientos ocasionados por la partición India, estaba pasando por una gran oscuridad, y que no vislumbraba ninguna luz.
Krishnamurti recibía a la gente que se acercaba a él y escuchaba sus preguntas. Su postura de negación de la autoridad espiritual o gurú como centro de conductor de la búsqueda religiosa y como intermediario entre el buscador de la verdad y la realidad misma, lanzaba toda la responsabilidad sobre el propio buscador. Solía decirles a quienes lo visitaban: "Lo real está cerca, uno no tiene que buscarlo. La verdad está en ‘lo que es’ y esa es su belleza."
No prometía tampoco éxtasis o explosiones de luz, ni visiones, ni poderes extrasensoriales para sustentar una búsqueda, sino más bien los desalentaba. Contaba que cuando era niño él tenia muchos poderes extrasensorios –la capacidad de leer el pensamiento o lo que estaba escrito en una carta sin abrir–, y que también podía materializar objetos, tener visiones, predecir el futuro e, incluso, el don de curar. Pero argumentaba que todos esos fenómenos debían observarse y desecharse a medida que iban surgiendo. Sólo el despertar de una percepción viviente; ver y escuchar lo real tal como se revelaba en los pensamientos y sentimientos que eran el verdadero contenido de la mente.
Muchas personas acudían a él en busca de curación física, pero Krishnamurti les decía: "En un tiempo practicaba curaciones; pero descubrí que es mucho más importante curar la mente, el estado interno del ser. Concentrase en la cura física puede contribuir a la popularidad, a arrastrar grandes multitudes, pero no conduce al hombre a la felicidad".
También le decía a sus seguidores que habían abrazado la causa de la independencia de la India, que la acción política y social jamás podría cambiar al mundo en sus raíces, y que el individuo mismo era quien debía transformarse radicalmente. "Los sistemas nunca podrán transformar al hombre, es el hombre que transforma siempre al sistema", decía.
Una vez un joven le preguntó qué entendía por "pensar creativo", frente a lo cual se levantó de un salto, se sentó junto a él e inclinándose hacia delante le preguntó: " ¿Quiere usted investigarlo, señor, y ver si puede experimentar el estado de pensar creativo ahora?" A partir de esta experiencia, a las conversaciones comenzó a añadir un trabajo practico transformador.
Junto a estas conversaciones con sus seguidores, Krishnamurti comenzó a ser invitado y escuchado por grandes lideres políticos.
En tanto la independencia fue liderada por Gandhi, no resulta extraño que las autoridades que asumieron el gobierno de la India independiente tuvieran gran interés por lo espiritual. Jawaharlal Nehru, como primer ministro de la India, se reunía con él para intercambiar ideas sobre el destino de su país.
Más estrecha aún fue la relación con Indira Gandhi. La profundidad espiritual de esta dirigenta política de la India queda muy bien expresada en una de sus cartas, donde pregunta: " ¿Ha llegado el mundo a un punto muerto? Más y más gente se está dando cuenta de lo que anda mal y de lo que podría hacerse. Sin embargo, la corriente nos arrastra en la dirección opuesta. Un puñado de personas tiene el poder de influir sobre la vida de millones que habitan esta tierra. Los pocos están demasiado envueltos en sí mismos y en lo que ellos consideran que son sus intereses inmediatos en términos de tiempo y lugar, y los muchos que desean ser empujados y mantenidos en la ilusión de que son libres y que conducen sus propias vidas. El mundo necesita de ese espíritu de compasión suyo, todos tendrían que mirar dentro de sí mismos y poseer el coraje de actuar en consecuencia".
Los acontecimientos políticos acercaban a Indira al año de su destino "Si de cualquier manera, ‘de cualquier manera’ ello pudiera servirle de ayuda, iré a Delhi", le escribió Krishnamurti, quien la vería por ultima vez en una visita que le hizo la noche del 13 de febrero de 1984. Pupul Jayakar, su amiga, discípula y biógrafa, cuenta que para el 3 de noviembre de 1984, Indira tenia programado almorzar en su casa con Krishnamurti y el Dalai Lama, quienes iban a ofrecer una platica pública juntos el 4 de noviembre. Pero la cena nunca se realizó. Ella fue asesinada el 31 de octubre de 1984.
"Krishnaji se sentó durante todo el día en mi sala de estar contemplando el jardín; estuvo observando los arboles y los pájaros, casi no habló y comió muy poco. A las cuatro de la tarde él había percibido la presencia de Indira, e hizo un comentario sobre la necesidad de silencio dentro de la mente para permitir que ella estuviera en paz. Yo pude ver que se sentía profundamente conmovido. Tarde en la noche siguiente, me dijo: no conserve recuerdos de Indira en la mente, eso la retiene en la tierra. Déjela irse. Su mano hizo un gesto hacia el espacio y la eternidad", testimonia Pupul Jayakar.

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